miércoles, 8 de julio de 2015

Hay que mirar como andan los mayores...



 
Ver a un hombre o una mujer mayor, andar, es muy predictivo de lo que es su salud general. La disminución de la velocidad de la forma de andar preferida se asocia con un mayor riesgo a sufrir las caídas, con la discapacidad, con la hospitalización, y con el aumento de la mortalidad. 
Una velocidad de 1 metro por segundo significa que estas personas están riesgo de sufrir problemas de caídas por dolor de la espalda o de las piernas, problemas de la visión, deterioro cognitivo, depresión, etc. Por el contrario: mejorar la velocidad de la marcha se asocia con mayores tasas de supervivencia en las personas mayores.

En un análisis combinado de 9 estudios de cohortes, la supervivencia aumentó significativamente en incrementos de 0,1 metros por segundo. El entrenamiento de fuerza o una combinación de este tipo de entrenamiento con el aerobio parece prometedor, así como otras modalidades de entrenamiento como el del equilibrio, el de la funcionalidad, y de la flexibilidad.

En un estudio de Van Abbema y col (2015), se hace hincapié en la necesidad de realizar un gran meta-análisis actualizado. La hipótesis de los autores citados es que, el entrenamiento progresivo de fuerza ejerce un efecto significativo sobre la velocidad de la marcha preferida. Por otra parte, una combinación con el entrenamiento del equilibrio, o el de la resistencia puede aumentar este efecto. La conclusión preliminar a la que llegan los autores tras el estudio de varios meta-análisis es que, el entrenamiento progresivo de fuerza, realizado a gran intensidad, parece la modalidad de ejercicio más eficaz, para mejorar la velocidad de la marcha preferida. La adición del entrenamiento del equilibrio o la del entrenamiento del equilibrio con el de resistencia no parece contribuir a mejorar el efecto positivo del entrenamiento de fuerza.

Otro componente prometedor que necesita más investigación es el ejercicio con un componente rítmico, posiblemente el entrenamiento que mejore las funciones cognitivas superiores, que son tan importantes para la marcha. Se necesitan más datos a largo plazo para adquirir más conocimientos en el campo de velocidad de la marcha a lo largo del tiempo, después de finalizadas las intervenciones, y lo que se necesita para mantener los beneficios del entrenamiento.

Tomado de una publicación del Dr Marcos Becerro

Renske Van Abbema, Mathieu De Greef, Celine Crajé, Wim Krijnen, Hans Hobbelen, and Cees Van Der Schans. What type, or combination of exercise can improve preferred gait speed in older adults? A meta-analysis. BMC Geriatr. 2015; 15: 72. Published online 2015 Jul 1. doi: 10.1186/s12877-015-0061-9 PMCID: PMC4488060

lunes, 29 de junio de 2015

La sarcopenia, ¡Ay la sarcopenia!



Se han identificado numerosos factores en la fisiopatología de la sarcopenia, que es una disminución de la masa muscular con la edad que lleva a incapacidad y lesiones al producirse caídas por dicho deterioro y que es un importante predictor de la fragilidad (fracturas de cadera, discapacidad y mortalidad). Dentro de estos factores se incluyen alteraciones genéticas, defectos mitocondriales, disminución de hormonas anabólicas (por ejemplo, la testosterona, la vitamina D, hormona de crecimiento y el factor de crecimiento semejante a la insulina IGF-1), exceso de citocinas inflamatorias, resistencia a la insulina, disminución de la ingesta de proteínas y la ausencia de actividad física. 

 


Pues bien, en estos últimos años se ha incrementado notablemente nuestra comprensión sobre los mecanismos moleculares implicados en esta patología, lo que da como resultado un aumento marcado en potenciales objetivos futuros para el tratamiento de la sarcopenia. En la actualidad, el ejercicio físico (de sobrecarga), la administración de suplementos de proteínas y vitamina D, se han establecido como el tratamiento básico de la sarcopenia. Al mismo tiempo, sabemos que altas dosis de testosterona aumentan la energía y la función muscular, pero tienen una serie de efectos secundarios limitantes. Otros fármacos, en desarrollo clínico, incluyen moduladores selectivos de receptores androgenicos (SARMs), agonistas de grelina, anticuerpos miostatina, receptor de activinas tipo II (ACVR2 o ActRIIA), inhibidores de la enzima convertidora de angiotensina, antagonistas beta, y activadores de troponina del músculo esquelético rápido.

sábado, 20 de junio de 2015

Más proteínas en la tercera edad



Los adultos mayores necesitan una dieta rica en proteínas para mantener la masa muscular y la fuerza. Con el envejecimiento, hay una pérdida de masa muscular y fuerza. Después de los 50, las personas comienzan a perder masa muscular. Entre los 50 y los 60, la fuerza muscular se reduce en alrededor del 1.5 por ciento al año. Tras los 60, la pérdida puede ser del 3 por ciento al año.

Perder la masa muscular y la fuerza afecta a la capacidad de moverse y de realizar las actividades diarias, además, la pérdida de músculo puede afectar al equilibrio y aumentar las probabilidades de caerse, lo que lleva a fracturas óseas y lesiones en la cabeza.

En un estudio, Sahni y sus colaboradores recolectaron datos de más de 2.600 hombres y mujeres que participaron en el estudio Cohorte de descendientes de Framingham. A los participantes, con una edad promedio de 60 años, se les midió el consumo de proteínas, la masa muscular magra de la pierna y la fuerza de los músculos de los muslos en varios momentos entre 1998 y 2001.

Los investigadores encontraron que los hombres necesitaban 3 onzas (85 gramos) de proteína al día para mantener la masa muscular y la fuerza, y las mujeres necesitaban 2.6 onzas (74 gramos). La masa muscular magra fue más alta entre los que comían la mayor cantidad de proteína total y de proteína animal.

La proteína vegetal (como los frutos secos y legumbres) no se asoció con la masa magra en hombres ni en mujeres, anotaron los investigadores. Pero los que comían la mayor cantidad de proteína vegetal tenían más fuerza en los músculos de los muslos, en comparación con los que menos la comían.

La proteína vegetal podría ayudar a preservar la fortaleza muscular en los adultos mayores debido a sus propiedades alcalinas, o quizá sea una señal de una dieta más saludable de las personas que consumen mucha proteína vegetal, apuntaron los investigadores.

La investigación sugiere que quizá necesitemos más proteínas a medida que envejecemos". Los adultos mayores consumen pocas proteínas debido a varios motivos, desde ser menos activos o tener menos hambre hasta una peor salud dental, menos ingresos o un acceso limitado a la comida.

La pérdida de la fuerza se conecta directamente con la reducción de la masa corporal. Uno puede comer todas las proteínas que quiera, pero el ejercicio es necesario para aumentar la fuerza muscular.

FUENTES: Shivani Sahni, Ph.D., director, Nutrition Program, Hebrew SeniorLife Institute for Aging Research, Boston, Mass.; Samantha Heller, M.S., R.D., senior clinical nutritionist, NYU Langone Medical Center, New York City; May 27, 2015, Journal of Nutrition